Reflexión final

Durante estos dos años, CAS ha sido para mí un espacio donde poder conocer y hacer actividades que creo que de otro modo no habría experimentado. Soy una persona que desde pequeña le ha dedicado mucho tiempo y trabajo a las tareas y exámenes que nos iban poniendo en el colegio e instituto, y esta parte del programa me ha hecho recordar la importancia que también tiene ayudar a los demás, formar parte de la comunidad y hacer cosas que nos intrigan, nos dan un poco de miedo, o simplemente nos llaman la atención. Al tener la necesidad de participar en este tipo de actividades, creo que he conseguido darle la importancia que merece y sinceramente me ha ayudado a salir de mi zona de confort, a crecer y a ganar más seguridad en mí misma. 

Como he ido comentando en las experiencias, hablar en público nunca ha sido mi mayor fortaleza. Me solía poner nerviosa y mientras hablaba, yo misma me hacía un lío por los nervios que tenía. Experiencias como la de ser guía para los alumnos italianos o la de hablar de mi investigación de biología, me han permitido soltarme más y hablar con mucha más confianza. 

Asimismo, tuve una pequeña crisis al principio de este segundo curso porque todo el trabajo que había realizado para CAS se borró. Tenía el proyecto casi completo y seis experiencias redactadas, pero no pude recuperarlos. Esto me obligó a rehacer la página web por completo, y como no recordaba todos los detalles de las experiencias anteriores, recurrí a actividades que había realizado más recientemente.

Fue un fastidio, y aunque tuve que motivarme más de una vez para redactar las experiencias y el proyecto de nuevo, si no se hubieran eliminado, no habría tenido la necesidad de salir y vivir experiencias nuevas tan enriquecedoras como las que tuve en la Fundación Balia o en el teatro Valle-Inclán. Estas experiencias, además de mostrarme cómo tratar con niños e inspirarme a escribir una pequeña obra de teatro, me ayudaron a relajarme y tomar un respiro dentro este curso tan estresante para todos. 

A lo largo del proyecto, tuve que tomar la iniciativa, proponer ideas para los talleres y las visitas, y comunicarme con todo tipo de personas. Trabajar en equipo no fue sencillo debido a la gran diversidad de grupos y al elevado número de voluntarios y visitantes. Sin embargo, al final logramos organizar visitas y talleres muy completos que fueron muy bien recibidos.

Tuvimos que tomar decisiones sobre la asignación de responsabilidades y la asistencia a diferentes actividades. Para ello, consideramos las perspectivas y situaciones personales de todos los involucrados, e intentamos dividir las tareas de la manera más equilibrada posible. Este proceso no solo nos permitió colaborar de manera efectiva, sino que también fortaleció nuestras habilidades de comunicación y trabajo en equipo.

Uno de los aprendizajes más importantes que nos permitió tomar buenas decisiones fue la práctica de la escucha activa. Hacer que cada miembro se sintiera incluido y respetado fue fundamental para el éxito del proyecto. Creo que esta forma en la que tomamos decisiones, valorando y considerando cada aporte, hizo que todos quisiéramos dar lo mejor de nosotros y contribuir de la mejor forma posible. Este enfoque inclusivo y colaborativo no solo facilitó la organización de actividades exitosas, sino que también creó un ambiente positivo y motivador dentro del equipo. 

En el proyecto, el equipo y la forma en la que nos comunicábamos fueron esenciales y me aportaron mucho. Nos apoyábamos mutuamente, resolvíamos dudas y proponíamos ideas libremente, incluso si parecían un poco absurdas. Cuando llegó el momento de realizar las visitas, nuestros compañeros de la universidad nos ayudaron enormemente, llegando incluso a visitar el museo para enviarnos fotos de las piezas. Esto nos permitió investigar más a fondo y mejorar la calidad de nuestras visitas.

Creo que también llegué a aportar mucho como individuo en el equipo, organicé y redacté gran parte de las visitas y talleres, y que también tomé decisiones para cuidar mi bienestar, como por ejemplo cuando decidir cambiar el día en el que haría la visita. Esto me ayudó a organizarme mejor y creo que es también un ejemplo de cómo he ido mejorando mi capacidad para gestionar el tiempo y cuidar mi salud mental. 

A modo de concusión, CAS ha sido una parte fundamental de mi desarrollo personal. Me ha proporcionado oportunidades para aprender, crecer y contribuir de maneras significativas. Estas experiencias me han ayudado a adquirir nuevas habilidades y también han reforzado la importancia de la comunidad, la creatividad y el servicio en mi vida. Me ha ayudado a convertirme en voluntaria de una de las organizaciones que más admiro, como UNICEF, y me ha permitido adentrarme incluso en una pista de esquí por primera vez. Por todo ello, estoy agradecida y pienso que seguiré participando activamente en mi comunidad y buscando nuevas experiencias con las que volver a comprometerme y conocer personas. 

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